28.01.2015

La muerte de Nisman y la vulnerabilidad de Puerto Madero

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La muerte sospechosa  -e implacable- ya venía sobrevolando la zona, desparramando incógnitas a su alrededor. Sin embargo, a diferencia del joven financista Mariano Benedit, el fiscal Alberto Nisman no apareció con un disparo en la cabeza en un descampado de la Costanera Sur, sino en su confortable y resguardado departamento de Le Parc.

Además de conmovernos (y desestabilizarnos) como a todos los argentinos, la muerte de Nisman nos afecta a los vecinos de Puerto Madero de una manera especial. Vaya paradoja, miramos por televisión lo que está sucediendo a nuestro alrededor, con una rara mezcla de extrañeza y familiaridad.

Si vivir en Puerto Madero ya de por sí provoca cierto prejuicio, antes se nos juzgaba a la distancia, como a una tierra desconocida. Sin embargo, hace dos años, cuando estalló el escándalo del lavado de dinero, los cuestionamientos y la curiosidad “extra diques” se tornaron más puntuales.

Durante aquellos largos meses, cuando uno atinaba a contar que vivía en Puerto Madero, la primera pregunta obvia era: ¿¡En Madero Center!?

Acto seguido debíamos indicar que no es el único edificio de nuestro barrio y que no conocíamos a los lamentablemente célebres Fariña y Elaskar. A su vez, quienes vivían en Madero Center  -mientras soportaban allanamientos y guardias periodísticas en su complejo- se encontraban explicando si notaron movimientos extraños en el subsuelo de cocheras, valijas que iban y venían, y si por casualidad alguna vez se habían cruzado a los involucrados.

Ahora es el turno de Le Parc. Yo no viví en Madero Center, pero sí transcurrí cinco lindos años de mi vida en un departamento de una de las tres torres Le Parc. Por eso, además de recibir en estos días llamadas de colegas periodistas, escuché hipótesis -algunas insólitas- sobre el sistema de códigos del ascensor, la puerta de servicio, el pasadizo (“tercer acceso”) con los aires acondicionados, etc, etc. Paradójicamente, todos parecían tener más detalles y certezas que yo, que lo conozco y habité.

De mi estadía en Le Parc me quedaron amigos y conocidos, que ahora deben responder a propios y extraños si ubicaban a Nisman, como si fuese posible conocer a todos los vecinos. Tal vez alguno compartía el gimnasio o el ascensor con el Fiscal, pero sólo lo reconoció unos días antes, cuando hizo pública su acusación. Este es un barrio que cotiza alto también por su discreción, en donde vecinos “comunes” nos cruzamos sin saberlo con otros “poderosos”, que justamente rehúyen a ser “famosos”.

Mientras dan explicaciones o se abroquelan entre resignados  y espantados, los residentes de Le Parc miran, escuchan y leen por los medios cómo se elucubran innumerables conjeturas en torno al lugar donde viven, mientras se cuestiona con cierta liviandad su sistema de seguridad.

Por ejemplo: ¿Cómo Lagomarsino pudo entrar con el arma sin que lo revisaran a la entrada? Señores, es un edificio residencial, no un aeropuerto. Si autorizo a alguien a entrar a mi departamento, le toman los datos pero no lo palpan ni escanean sus pertenencias. Otra: ¿Cómo no hay cámaras de seguridad en los palieres de servicio y escaleras? Señores, las cámaras están estratégicamente ubicadas en áreas comunes, distribuirlas por todo el edificio implicaría una inversión descomunal en tecnología y personal de vigilancia. Ya bastante altas son las expensas, en donde la supuesta empresa de seguridad se lleva la mayor tajada. Todos sabemos que brindan, con suerte, un servicio terciarizado de portería. Una trampa que no nos deja mucha escapatoria.

Seguramente hubo errores y descuidos, porque como señalamos recién “nos venden gato por liebre”.  Sin embargo hay cierto regodeo mediático cuando se enfatizan las falencias en la seguridad del edificio, que pueden extenderse a cualquier otro complejo de Puerto Madero. Antes nos acusaban de vivir aislados, ahora vociferan nuestras debilidades. Señores, no nos escondemos en fortalezas blindadas.

Mientras la investigación sobre cómo murió el fiscal Nisman sigue su curso  -seguramente las torres Le Parc deberán exponerse a nuevos peritajes-  los vecinos de todos los edificios de nuestro barrio tendríamos que hacernos tiempo para evaluar el desempeño de la empresa de seguridad que contratamos, interiorizarnos sobre los protocolos implementados, tecnología aplicada, personal afectado, costos implicados. Consultar, revisar, cuestionar, involucrando en el compromiso a la Administración de nuestro edificio, que depende del Consorcio y debe rendirnos cuenta.

En definitiva, es hora de participar, también puertas adentro.
Porque si no lo hacemos nosotros...¿Quién va a cuidarnos?

. Vanesa Leibas
Directora NuevoMadero.com

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